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Erotismo del más sofisticado
Me extasío contemplando tus pies blancos y perfectos donde resaltan esas uñas escarlata magníficamente cuidadas. Los recorro con mis labios suavemente como en una sacra ceremonia. Todo en ellos es sensualidad. Su reluciencia y su delicada suavidad. Sus pliegues parecen hechos para la delicia táctil e invitan a que mi boca se embriague en su divina tersura. Voy jugueteando con cada uno de sus pequeños dedos y no quiero separarme nunca de ellos.
Esos son tus pies, aquellos que cuidas para ofrendármelos y son deleitable ceremonia antes de entregarnos por completo al embelesamiento de nuestros cuerpos. Ellos me conocen y se muestran ansiosos por liberarse de tus primorosos zapatitos y correr hacía mi. Nunca ocultes esos pies, ni siquiera en el gélido clima de Siberia. Morirían de tristeza igual que mueren las flores cuando las cubres por completo del sol.
Son como bebés risueños, inquietos, tiernos y nacidos para amar. Nadie los volverá a descubrir y mimar como yo. Pienso que la mayoría de los hombres son elementales y no conocen de exquisiteces. No cultivan su sensibilidad ni su sentido estético. Como los cuadrúpedos, sólo conocen y acometen sobre la entrepierna y efímeramente obedecen a sus impulsos más primarios sin preguntarse si dan felicidad como la que reciben. A ellos les digo. La mujer es un manantial de belleza, por ello tus pies son una de las fuentes en la cuales olvido mis pesares y me entrego por completo al misticismo del amor.
Billy crisanto seminario
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